Suzanne I

Eran más de las tres de la mañana y todavía quedaban cosas por terminar.

Se decía que la capital la República nunca dormía pero por muchos avances tecnológicos que la humanidad hubiera alcanzado, todavía seguían necesitando descansar.
Situada en el centro de la península de Látika, Gorgon era sin lugar a dudas una ciudad del futuro.

Suzanne desconectó la interfaz de usuario al tiempo que comprobaba si quedaba café en su taza. Ni una gota. El holoreloj marcaba las tres y cuarto y ya no quedaba casi nadie en el despacho. Habían recomendado al presidente de la República descansar tras el durísimo día al que había tenido que enfrentarse.

Forzado por las circunstancias, Garlan IV, presidente electo de la República, había dimitido de su cargo poniendo a disposición del Senado los poderes ejecutivo y legislativo. Pese a que el comunicado oficial leído por el propio Garlan centraba las razones entorno a una pérdida de confianza de la ciudadanía en las instituciones y en la necesidad de un cambio de liderazgo, la realidad era mucho más cruel: grupos de presión afines a determinadas corporaciones habían terminando forzando su salida.

El Senado se había convertido, de facto, en el instrumento más poderoso de toda la galaxia.

Suzanne se había encargado de redactar el discurso de dimisión del ya expresidente y había pasado el resto del día analizando la documentación y preparando la agenda de los próximos días. Con la caída del presidente el gabinete de gobierno sería el siguiente en ser eliminado de la ecuación y eso, por desgracia, la incluía a ella. Había ascendido rápidamente en los últimos cuatro años hasta alcanzar el puesto de asesora presidencial. Resultaba algo digno de elogio en una sociedad en la que la meritocracia había sido uno de sus grandes objetivos y, al final, uno de sus mayores fracasos. Así, obtener ese nivel de responsabilidad por sus propios méritos convertía a Suzanne en toda una heroína para su época.

Sin embargo, a tenor de los últimos acontecimientos, su actual situación estaba muy cerca de cambiar, a peor.

Cerró la puerta del despacho tras de sí y se dirigió al ascensor cuando su terminal de comunicación integrado sonó.

  • ¿Qué haces llamándome a estas horas? – respondió Suzanne sin dejar a su interlocutor articular una sola palabra.- No es buen momento.
  • Suzanne es importante. Es el presidente. – El tono de Emily denotaba una mezca de preocupación y ansiedad.
  • ¿Qué sucede? ¿Qué ha pasado?
  • Se lo han llevado al hospital.

Tras una breve charla Suzanne salió corriendo del Edificio Norte del Ministerio de Gobernación y se subió en su vehículo. Le indicó en pocos segundos la dirección de destino. Tras unos minutos de viaje, el bimotor se detuvo. Una luz roja le indicaba que se encontraban en los límites del Sector 1 de Gorgon y que, debido a las restricciones de su nivel de seguridad, no podría continuar.

Suzanne no podía creerse lo que estaba a punto de hacer. Iba a violar más de una ley federal y se convertiría en una proscrita. En tan sólo una hora todo su mundo había cambiado por completo. Una hora en la que había pasado de despedirse de un resignado presidente que acababa de dimitir a descubrir que había sido asesinado.

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